OCAMPO ANTONIO ORTIZ de (1771 – 1840)

La Rioja allá por 1810, solitaria y marchita, estaba poblada por 7.600 almas dispersas en cuatro partidos entre americanos, españoles peninsulares, indios, negros y cuatro extranjeros. Léase esta noticia: "Lugares hay en que la población se alimenta exclusivamente de miel silvestre y algarroba. Existen viñas, se fabrica aguardiente y vino; un poco de maíz, porque el agua siempre escasea".


El gobierno era de unos pocos, que rivalizaban entre sí: los Brizuela, los Dávila, Los Villafañe y los Ortiz de Ocampo, para lograr el predominio de aquel miserable lugar.


Cada familia constituía un clan y en el seno de ésta última, Antonio Ortiz de Ocampo nació el 4 de mayo de 1771, quien sería el primer comandante en jefe que tuvieron los Ejércitos de la Revolución de Mayo.


Del cuerpo de Arribeños cuando las invasiones inglesas, pasó  al mando militar de la plaza de Buenos Aires en 1811, como coronel del Regimiento N°4 y en noviembre de ese mismo año, coronel del Regimiento de Patricios N°2.


Al estallar por el movimiento emancipador, se alió sin retaceos, pues su voto resultó el segundo después de Saavedra, "por la cesantía del Virrey y porque asumiera el mando el Cabildo, la Junta le nombre que debe ejercerlo, cuya formación debe ser en la forma y modo que no quede duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando".


Apenas instalada la  Junta del 25 de  Mayo, comúnmente llamada Primera Junta, dispuso extender y legitimizar su autoridad fuera de Buenos Aires, dado que el acatamiento al Nuevo gobierno no se dio por igual en todo el territorio virreinal.


En efecto en el Paraguay, en el Alto Perú y la Banda Oriental existía fuerte resistencia al movimiento porteño.

En cumplimiento de lo dispuesto por algunos patriotas, se resolvió de inmediato hacer marchar hombres para auxiliar las provincias interiores del Río de la Plata.


En junio de 1810 se envió la primera expedición libertadora al Alto Perú, que luego sería el Ejército del Norte, integrada por 1150 hombres entre Arribeños, Patricios, Pardos y Morenos, al mando  de Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, ascendido a general, y como segundo jefe Antonio González Balcarce y representante del Gobierno Central, a  Hipólito Vieytes.


La expedición inició su marcha desde el campamento de Luján, el 12 de julio en dirección a Córdoba, acompañada por una Comisión Representativa de la Junta que contaba a Ortiz de Ocampo (como Presidente de la misma), Hipólito Vieytes (Delegado del Gobierno), Feliciano Chiclana (Auditor de Guerra) y Vicente López y Planes (Secretario).


El Comandante avanzó rápidamente con un pequeño contingente hacia Córdoba para sofocar la contrarrevolución dirigida por Liniers y Juan Gutiérrez de la Concha.
Fue muy eficaz en arrestar a los dirigentes del grupo, incluido el obispo de Córdoba, Rodrigo de Orellana.


Pero se negó a ejecutar a los prisioneros, como le había ordenado la Junta por iniciativa del secretario Mariano Moreno.
No solo los cordobeses le pidieron clemencia, sino que los mismos Liniers y Gutiérrez de la Concha que  eran sus amigos y compañeros de lucha desde 1806.


Desobedeciendo las órdenes de la Junta, resolvió enviar los prisioneros a Buenos Aires para evitar ejecutar la orden de fusilamiento.


Alarmada por el posible efecto  del muy popular Liniers en la Capital, la Junta envió rápidamente a Juan José Castelli a hacerse cargo de las ejecuciones y a Antonio González Balcarce a reemplazar a Ocampo como jefe del Ejército.


Tras la ejecución de los reos en proximidades de Cruz Alta (Córdoba), Ocampo siguió como comandante nominal del Ejército hasta la batalla de Suipacha, pero Balcarce tenía el poder real. El cargo oficial lo asumió a principios de 1811.


Al conocerse en esa provincia el avance de las tropas de Buenos Aires, se fueron desmoronando las pretensiones de insurrección y como los jefes no lograron juntar fuerzas suficientes como resistencia, gran número de ellos huyeron hacia el Alto Perú a unirse con los realistas de la región.


Ni Ortiz de Ocampo ni Vieytes cumplieron con la orden "de arcabucearlos en el momento que todos o cada uno de ellos fuesen pillados, ni cual fuesen las circunstancias.


La Junta disgustada por la desobediencia de Ocampo, - quien por su carácter conciliador no se avenía a las resoluciones violentas - decidió reemplazarlo por González Balcarce y a Vieytes por Castelli, a quienes no les tembló el pulso cumpliendo las resoluciones porteñas.


Antonio Ortiz de Ocampo, lejos de las armas  es designado gobernador de Córdoba primero y funcionario de Mendoza y La Rioja.


A comienzos de 1814 a su regreso de Charcas se detuvo en Tucumán, donde el general Paz recuerda en sus Memorias – haber tenido oportunidad de conversar varias veces con Ortiz de Ocampo, antes de ser designado por el Director Supremo Posadas, gobernador intendente de Córdoba.


Pacifista de convicción y de corazón, fuera del escenario de la guerra, al ser designado gobernador José Javier Díaz, por un Cabildo Abierto, Ocampo tomó el camino de Buenos Aires.

El historiador Ignacio Garzón acota: "El señor Ocampo se ausentó hacia Buenos Aires, sin dejar tras de sí un derecho quebrantado, ni un noble sentimiento ofensivo, ni una legítima aspiración burlada."


El 10 de enero de 1815, tuvo el honor de reemplazar en Mendoza al Gral. San Martín cuando éste pidiera licencia por enfermedad.
Más, cinco años después sería gobernador de La Rioja por dos períodos.


En 1831, cayó prisionero de Facundo Quiroga al tomar el caudillo la plaza de Río Cuarto, pero no fusilado, por ser coterráneo y por signos de aceptación de su proceder.


En efecto, jamás Ocampo dejó de mencionar su origen riojano, a pesar de ser fiel hijo adoptivo de Buenos Aires.
No habría aceptado vivir su ancianidad en otra ciudad que no fuera su terruño, por ello retirado de toda actividad, tanto política como militar, falleció el 15 de setiembre de 1840 en el departamento de Chilecito de su provincia natal.


Yaben en sus "Biografías argentinas y sudamericanas" dice: "Ocampo fue personalmente valiente, de conducta arreglada y de un corazón bondadoso, afecto al orden y la disciplina en la medida y concepto de aquella época."

ocampo_antonio_ortiz_de.html


Bibliografía:
La enunciada en el texto.


Ocampo. Calle .Topografía:
Corre de E. a O. entre las calles Viamonte y el bulevar 27 de Febrero, desde 00 Bis hasta 1900 – 2800 – 6900 a la altura de San Martín 2400; Avellaneda 2400; Av. Provincias Unidas 2400.
Se le impuso ese nombre desde su apertura, ratificado por O. 3 de 1905.
Recuerda a Francisco Antonio Ortiz de Ocampo (1771 – 1840), primer comandante de los Ejércitos revolucionarios de la Patria.

UNA NOTA CURIOSA
Nos explica el arquitecto Bonacci en su artículo "Rosario desconocida" en el diario la Capital, en su edición del 27 de julio de 2003: 
En Vélez Sarsfield y pasaje Vértiz una columna metálica es siempre confundida por el rosarino, como el último farol a gas.
Es solamente una antigua pieza metálica diseñada con derecho a ser preservada responsablemente como columna de ventilación del túnel de agua potable de 2,60 de diámetro, que corre a nueve metros de profundidad en un largo circuito que arranca de la planta de potabilización ubicada en barrio Lisandro de la Torre o Arroyito, pasa debajo de la calle Vélez Sarsfield y termina en uno de los tres grandes tanques de agua, el N°1, ubicado en calle Ocampo, entre Dorrego e Italia.