NECOCHEA MARIANO (1792 1849)
Parafrasea Angel Carranza: "Dedicado en cuerpo y alma a la Patria y su bandera, era ávido como todo corazón magnánimo, de reparar las veleidades de la fortuna con señaladas y brillantes hazañas. Huracán de furor en la refriega cuan benigno en los cuarteles, poseía en alto grado el secreto de aguerrir y hacerse adorar por sus soldados".
En efecto, Mariano Necochea, nacido en Buenos Aires el 7 de setiembre de 1792, alto, buen mozo y de una familia acomodada no vaciló en calzarse el sobrio uniforme de granadero.
Tuvo su bautismo de fuego en ese Regimiento en el escenario inicial de San Lorenzo, y tal vez ese comienzo al lado del Gran Capitán, sería definitorio para su carrera militar. Como es sabido, el espléndido cuerpo sanmartiniano constituyó tanto una fragua de victorias americanas como una forja de hombres excepcionales. Y Necochea no sería una excepción porque muy pronto comenzó a destacarse por sus actos de heroísmo.
Cierta vez en el Ejército del Norte, se enfrentó con sólo 25 granaderos contra fuerzas realistas ostensiblemente superiores en número. Advirtiendo lo desesperado de la situación optó por una salida temeraria y se jugó a todo o nada: montando un caballo en pelo y blandiendo el sable, se abrió paso entre las filas enemigas, y al primer español que intentó detenerlo, le dividió el cráneo que hizo que su cabeza rodara. Demás está decirlo que pasó en medio de los restantes, como por un tubo, sin que nadie se opusiera.
Esta acción que le daría terrible fama de guerrero y ese lugar fama de conquistador porque enamoró con su prestancia nada menos que a la esposa de un general enemigo, de don Pedro Antonio Olañeta. Aventura amorosa que debió abandonar porque le urgía llegar a tiempo para el cruce de los Andes.
Necochea volvió a destacarse por su bravura en Chacabuco, Talcahuano, Cancha Rayada y Maipú
También en Chile tendría otra aventura, nada menos que con la joven esposa del sanguinario oficial realista, el coronel Morgado, quien vengaría su situación disparando a quemarropa contra Necochea, más la bala fue a dar en su mano. Esa herida sería el motivo por la cual el bizarro soldado porteño no pudo participar con la fiereza como hubiera querido en Maipú acota Daniel Balmaceda en "Espadas y corazones."
Quedaría la cicatriz como un galardón más dentro de un físico privilegiado que terminaría cubriéndose de gloriosas condecoraciones.
El eterno granadero se halló presente en la ocupación de Lima,
siendo el primero que a la cabeza de sus tropas atravesara la ciudad. En el
sitio del Callao su actuación fue tan brillante que el 2 de diciembre
de 1821 fue promovido a general de brigada.
“El infortunio y la maledicencia se iban a cebar en su persona, alimentados
por la envidia que despertaba la fama de su sable – dice Armando Alonso
Piñeiro - En octubre de 1821 la conspiración contra San Martín
salpicó su nombre sumiéndolo en la desgracia pública. Afírmase
que su participación en ese movimiento fue nula, pero de cualquier modo
se olvidaron en un día, sus méritos de tantos años para
obligarlo a abandonar la capital de los virreyes. Pasó a Trujillo y a
Guayaquil, donde se presentó a Bolívar.”
Nuevos encuentros bélicos viviría hasta el 6 de agosto de 1824,
cuando en la célebre batalla de Junín, cimentó su prestigio.
El diario “El Progreso” de Santiago de Chile, en un bosquejo de
su vida, aseguraría que fueron 14 las heridas que recibió en la
pampa de Junín, a saber: 4 sablazos en la cabeza, 2 que le quebraron
el brazo izquierdo, perdiéndolo para siempre; en la mano derecha, otro
que le inutilizó los tres últimos dedos; 2 sablazos en el costado
izquierdo, una estocada en el vientre y 4 heridas menores en los brazos.
Como quedó inválido, Bolívar le encomendó la dirección
de la Casa de la Moneda en Perú en 1825.
Víctima por tercera vez de una injustificada proscripción se vio
obligado a refugiarse en Chile, donde pasó momentos difíciles
en su calidad de proscripto inválido.
Por último regresaría a su patria adoptiva, una vez reconocidos
sus grados y honores, trabajando nuevamente como director de la Casa de la Moneda,
hasta su muerte acaecida el 5 de abril de 1849, en el pueblo de Miraflores.
Sus restos reposan en Lima, en el seno de un bello mausoleo levantado por suscripción
popular.
Acota Piñeiro: “Reposan, pues, en otra de sus patrias,
como correspondía a quien, americano insigne, todo lo había dado
por amor al continente, dentro de las mejores tradiciones sanmartinianas y bolivarianas”.
Bibliografía:
Instituto de Investigaciones históricas de la Facultad de Filosofía y Letras: Documentos para la Historia argentina. Buenos Aires, 1922.
Piñeiro
Armando Alonso: “5 de abril de 1849: Muere Mariano Necochea. Una legendaria
estirpe heroica”. Cronología Histórica Argentina. Buenos
Aires, 1981.
Balmaceda Daniel: Espadas y corazones de la historia argentina. Edit. Marea. Buenos Aires 2004.
Necochea.
Calle. Topografía:
Corre
de N. a S. desde 1200 hasta 4399, a la altura de Av. Pellegrini 100, Bv. Seguí
100.
Se le impuso ese nombre por O. 3 del año 1905. Con anterioridad se denominó Chacabuco. Así figuraba en el plano de la ciudad de Rosario confeccionado por Nicolás Grondona en 1858.
Recuerda al guerrero de la Independencia Mariano Necochea (1792 – 1849),
colaborador de San Martín en la liberación de Chile y Perú.