El Mariscal Ferdinand Foch, dueño de un espíritu extremadamente lúcido y de decisiones justas había nacido el 2 de octubre de 1851 en la pequeña villa de Tarbes, en los Pirineos. Católico practicante, íntimo de los padres jesuitas, pues su hermano pertenecía a la Compañía de Jesús.
Tuvo una educación esmerada y cursaba la Escuela Politécnica cuando estalló la Guerra Franco – prusiana o franco – alemana.
Se alistó muy joven en la infantería en 1870 convirtiéndose enseguida en un brillante oficial de artillería
Al enterarse que Alsacia y Lorena habían sido cedidas a Prusia por un armisticio firmado el 28 de enero de 1871 por Louis Jules Trochu en su carácter de presidente de la Tercera República Francesa, se prometió a si mismo a contribuir a que el futuro militar de su patria cambiaría.
Profesor de la Escuela de guerra francesa en 1875. Ya como oficial primero prestó servicio en el ejército de línea, no demorando en alcanzar un grado de jerarquía en el Estado Mayor, dando de inmediato a conocer sus aptitudes de estratega y guerrero arremetedor. Su lema era: “No hay batalla perdida mientras la tropa no pierda la moral”.
Corría el año 1914 cuando el archiduque heredero de Austria fue asesinado en Sarajevo el 28 de junio y en consecuencia estallaría la Gran Guerra el 3 de agosto que duró hasta 1918.
Durante el mes de julio los diplomáticos y ministros europeos se movieron y cacarearon como gallos descabezados, más en realidad no sabían como encarar el inminente conflicto que se vislumbraba como armado.
Las recomendaciones del Kaiser (emperador de Alemania) y su aliado el emperador de Austria no fueron escuchadas por Inglaterra dueña de los mares, que manifestó no participar en la contienda, postura que cambió cuando vio a Bélgica amenazada, mientras Francia se empeñó en mantenerse correcta sin agitarse y Rusia segura de la alianza francesa, nada temía ni movilizaba – así clarifica José Pyoan en su artículo “La guerra mundial 1914- 1918 en Colección Universitas de Salvat.

Pero como todos los conflictos bélicos tienen como objetivo el deseo de ensanchar su territorio o el dominio de un lugar de privilegio en el mundo económico hizo que en 1914 estallara la guerra. Creyeron en una guerra rápida como la Franco –prusiana de 1870, con batallas escénicas y el enemigo vencido al perder la capital del país, pero no fue así.
Las hostilidades comenzaron cuando el ejército alemán invadió Bélgica con el fin de penetrar en Francia eludiendo la línea fortificada del confín franco – alemán. La agresión a Bélgica estaba ya premeditada por un plan preconcebido por el conde Schlienffen.
De las siete fuerzas alemanas del oeste, tres atravesaron territorio belga, otro violó la neutralidad de Luxemburgo y por esa brecha entró en Francia; otra intentó entrar por Lorena y allí quedó en Lorena y la última en Alsacia. Justo al mes de iniciada la contienda, los alemanes habían llegado a Chantilly a 40 kilómetros de París, en el Marne. Prestamente las autoridades se trasladaron a Burdeos.
Entonces se produjo el milagro inesperado para la gloria de Francia, cuando en un acto inusual de heroísmo el generalísimo Joffre dio la orden de resistir y el Mariscal Ferdinand Foch, comandante en jefe de todos los ejércitos franceses y aliados (ingleses, norteamericanos e incluso brasileros) ayudado por el gobernador de París, aprovechándose de un claro, en forma incontenible y tácticamente admirable, aseguró sus defensas en el valle del Marne, donde se libró una batalla violenta y desprevenida para los germanos.
Contuvo el avance de las fuerzas alemanas durante la Ofensiva de Primavera y en la Segunda Batalla del Marne, en julio de 1918. Para ello, lanzó el contraataque que se convertiría en la semilla de la derrota germana.
En julio de 1918, fue nombrado Mariscal de Francia, en noviembre, aceptó la rendición alemana. Tanto por su consejo durante la Guerra Polaco-Bolchevique de 1920 como por la presión sobre Alemania durante la revuelta en Polonia, en 1923, fue honrado con el título de mariscal de Polonia. También fue reconocido con el grado supremo de mariscal de Campo británico en 1919.
Expresó su descontento sobre el Tratado de Versalles al manifestar y profetizar sobre aquel con la famosa frase: “Este no es un tratado de paz, sino un armisticio de veinte años” . Veinte años y 64 días después, estalló la Segunda Guerra Mundial.
El lugar en que se firmó el Armisticio de Compiègne fue convertido en monumento nacional. Se conservó, en un emplazamiento, el vagón de ferrocarril donde tuvo lugar la firma y tras la muerte de Foch se erigió una estatua en su honor. La estatua fue lo único dejado por los nazis tras la caída de Francia en 1940.
El apellido del mariscal fue utilizado para bautizar al portaviones de la clase Clemenceau Foch (R 99).
De las siete fuerzas alemanas del oeste, tres atravesaron territorio belga, otro violó la neutralidad de Luxemburgo y por esa brecha entró en Francia; otra intentó entrar por Lorena y allí quedó en Lorena y la última en Alsacia. Justo al mes de iniciada la contienda, los alemanes habían llegado a Chantilly a 40 kilómetros de París, en el Marne. Prestamente las autoridades se trasladaron a Burdeos.
Entonces se produjo el milagro inesperado para la gloria de Francia, cuando en un acto inusual de heroísmo el generalísimo Joffre dio la orden de resistir y el Mariscal Ferdinand Foch, comandante en jefe de todos los ejércitos franceses y aliados (ingleses, norteamericanos e incluso brasileros) ayudado por el gobernador de París, aprovechándose de un claro, en forma incontenible y tácticamente admirable, aseguró sus defensas en el valle del Marne, donde se libró una batalla violenta y desprevenida para los germanos .
En el mes de setiembre las tropas alemanas estaban agotadas y al combatir desde el 6 al 12 de setiembre (1914) se desbandaron atrincherándose a lo largo del Aisne y del Somme sin moverse hasta el final de la guerra.
Durante toda la primavera de 1918 Foch preparó mentalmente su magna ofensiva librando sin dudar la Segunda batalla del Marne. Por la táctica del contraataque obtuvo una rotunda victoria, que sería la semilla de la final derrota alemana.
El Tratado de Versalles firmado del 28 de julio de 1919, aseguraba la paz con Alemania. Por el mismo fue consagrado con el título de Mariscal de Francia y miembro de la Academia Militar Francesa.
Más con una mirada profunda del futuro de las naciones expresó su descontento por dicho Tratado, al manifestar y profetizar sobre la famosa frase: “Éste no es un tratado sino un armisticio de veinte años:”
Correa de Oliveira Plinio: “Mariscal Foch, Sabiduría nt tradición”.